sábado, 4 de diciembre de 2021

05. OPRESIÓN AL POBRE.

El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor; Mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra. Prov. 14:31.

Tiene Misericordia Del Pobre. Debido a la falta de la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras, ha sido algo común en todo tiempo y lugar descuidar y despreciar a los pobres. Esta conducta contrasta agudamente con la insistencia de la Biblia en que Dios ha confiado a sus prójimos más afortunados el cuidado de los pobres (ver Juan 12:8). Israel tenía un sistema de propiedad de las tierras por el cual cada familia podía conservar su parcela. Existían también muchos reglamentos que hacían más llevadera la situación de los desafortunados (Lev. 25:10, 23-28; Deut. 15:7-11; MC 139).

Siendo que Dios ha permitido que exista pobreza como una demostración de los resultados del pecado y de la indolencia, y para probar la generosidad de su pueblo, los que no ayudan a los pobres deshonran al Padre de todos, y le desobedecen (Mar. 10:21; 14:7; Gál. 2: 10). 3CBA

 

martes, 30 de marzo de 2021

"EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA, DÁNOSLO HOY" Reconocemos que lo que Dios nos da no es para nosotros solos. Dios nos lo confía para que alimentemos a los hambrientos.

La primera mitad de la oración que Jesús nos enseñó tiene que ver con el nombre, el reino y la voluntad de Dios: que sea honrado su nombre, establecido su reino y hecha su voluntad.  Y así, cuando hayamos hecho del servicio de Dios nuestro primer interés, podremos pedir que nuestras propias necesidades sean suplidas y tener la confianza de que lo serán.  

Si hemos renunciado al yo y nos hemos entregado a Cristo, somos miembros de la familia de Dios, y todo cuanto hay en la casa del Padre es nuestro.  Se nos ofrecen todos los tesoros de Dios, tanto en el mundo actual como en el venidero. El ministerio de los ángeles, el don del Espíritu, las labores de los siervos, todas estas cosas son para nosotros. El mundo, con cuanto contiene, es nuestro en la medida en que pueda beneficiamos.  Aun la enemistad de los malos resultará una bendición, porque nos disciplinará para entrar en los cielos.  

Si somos "de Cristo", "todo" es nuestro. *1 Corintios 3:23, 21. Por ahora somos como hijos que aún no disfrutan de su 95 herencia.  Dios no nos confía nuestro precioso legado, no sea que Satanás nos engañe con sus artificios astutos, como engañó a la primera pareja en el Edén.  Cristo lo guarda seguro para nosotros fuera del alcance del despojador.  Como hijos, recibiremos día tras día lo que necesitamos para el presente.  

Diariamente debemos pedir: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy".  No nos desalentemos si no tenemos bastante para mañana.  Su promesa es segura: "Vivirás en la tierra, y en verdad serás alimentado".  

Dice David: "Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan". 

El mismo Dios que envió los cuervos para dar pan a Elías, cerca del arroyo de Querit, no descuidará a ninguno de sus hijos fieles y abnegados.  Del que anda en la justicia se ha escrito: "Se le dará su pan, y sus aguas serán seguras".  "No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados". "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" El que alivió los cuidados y ansiedades de su madre viuda y lo ayudó a sostener la familia en Nazaret, simpatiza con toda madre en la lucha para proveer alimento a sus hijos.

 Quien se compadeció de las multitudes porque estaban desamparadas y dispersas", *Salmo 37:3 (VV, 1909). 25; Isaías 33:16; Salmo 37:19; Romanos 8:32; Mateo 9:36, sigue teniendo compasión de los pobres que sufren.  Les extiende la mano para bendecirlos, y en la misma plegaria que dio a sus discípulos nos enseña a acordarnos de los pobres.

Al Orar: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy", pedimos para los demás tanto como para nosotros mismos. Reconocemos que lo que Dios nos da no es para nosotros solos.  Dios nos lo confía para que alimentemos a los hambrientos. 

De su bondad ha hecho provisión para el pobre.  Dice: "Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos. . . Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos".* Salmo 68:10; Lucas 14:12-14. 96

"Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra".  "El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará". *2 Corintios 9:8, 6.

La oración por el pan cotidiano incluye no solamente el alimento para sostener el cuerpo, sino también el pan espiritual que nutrirá el alma para vida eterna.  Nos dice Jesús: "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece".  "Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre". * Juan 6:27, 51.  Nuestro Salvador es el pan de vida; cuando miramos su amor y lo recibimos en el alma, comemos el pan que desciende del cielo.

Recibimos a Cristo por su Palabra, y se nos da el Espíritu Santo para abrir la Palabra de Dios a nuestro entendimiento y hacer penetrar sus verdades en nuestro corazón.  Hemos de orar día tras día para que, mientras leemos su Palabra, Dios nos envíe su Espíritu con el fin de revelarnos la verdad que fortalecerá nuestras almas para las necesidades del día.

Al enseñarnos a pedir cada día lo que necesitamos, tanto las bendiciones temporales como las espirituales, Dios desea alcanzar un propósito para beneficio nuestro.  Quiere que sintamos cuánto dependemos de su cuidado constante, porque procura atraernos a una comunión íntima con él.  En esta comunión con Cristo, mediante la oración y el estudio de las verdades grandes y preciosas de su Palabra, seremos alimentados como almas con hambre; como almas sedientas seremos refrescados en la fuente de la vida. DMJ/EGW

domingo, 28 de marzo de 2021

¿LOS POBRES SON NUESTRA RESPONSABILIDAD? (En El Contexto Del Juicio A Las Naciones)

(Este capítulo. Está basado en San Mateo 25:31-46).

"CUANDO el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las gentes y los apartará los unos de los otros." Así presentó Cristo a sus discípulos, en el monte de las Olivas, la escena del gran día de juicio. Explicó que su decisión girará en derredor de un punto.

Cuando las naciones estén reunidas delante de él, habrá tan sólo dos clases; y su destino eterno quedará determinado por lo que hayan hecho o dejado de hacer por él en la persona de los pobres y dolientes.

EN AQUEL DÍA, Cristo no presenta a los hombres la gran obra que él hizo para ellos al dar su vida por su redención. Presenta la obra fiel Que Hayan Hecho Ellos para él.

*A LOS PUESTOS A SU DIESTRA DIRÁ: "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí." Pero aquellos a quienes Cristo elogia no saben que le han estado sirviendo. A las preguntas que hacen, perplejos, contesta: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis."

Jesús dijo a sus discípulos que serían aborrecidos de todos los hombres, perseguidos y afligidos. Muchos serían echados de sus casas y empobrecidos. Muchos sufrirían angustias por la enfermedad y las privaciones. Muchos serían encarcelados. A todos los que abandonasen a sus amigos y su hogar por amor a él, prometió en esta vida cien veces tanto. Ahora asegura una bendición especial a todos los que iban a servir a sus hermanos. En todos los que sufren por mi nombre, dijo Jesús, habéis de reconocerme a mí. Como me serviríais a mí, habéis de servirlos a ellos. Esta será la evidencia de que sois mis discípulos. 593 Todos los que han nacido en la familia celestial son en un sentido especial los hermanos de nuestro Señor. El amor de Cristo liga a los miembros de su familia, y dondequiera que se hace manifiesto este amor se revela la filiación divina. "Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios."*(1 Juan 4:7).

 AQUELLOS A QUIENES CRISTO ELOGIA EN EL JUICIO, pueden haber sabido poca teología, pero albergaron sus principios. Por la influencia del Espíritu divino, fueron una bendición para los que los rodeaban.

v Aun entre los paganos, hay quienes han abrigado el espíritu de bondad; antes que las palabras de vida cayesen en sus oídos, manifestaron amistad para con los misioneros, hasta el punto de servirles con peligro de su propia vida.

v Entre los paganos hay quienes adoran a Dios ignorantemente, quienes no han recibido jamás la luz por un instrumento humano, y sin embargo no perecerán.

v Aunque ignorantes de la ley escrita de Dios, oyeron su voz hablarles en la naturaleza e hicieron las cosas que la ley requería. Sus obras son evidencia de que el Espíritu de Dios tocó su corazón, y son reconocidos como hijos de Dios.

v  ¡Cuánto se sorprenderán y alegrarán los humildes de entre las naciones y entre los paganos, al oír de los labios del Salvador: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis"! ¡Cuán alegre se sentirá el corazón del Amor Infinito cuando sus seguidores le miren con sorpresa y gozo al oír sus palabras de aprobación!

v Pero el amor de Cristo no se limita a una clase. Se identifica con cada hijo de la humanidad. A fin de que pudiésemos llegar a ser miembros de la familia celestial, se hizo miembro de la familia terrenal. Es Hijo del hombre, y así hermano de cada hijo e hija de Adán. Sus seguidores no se han de sentir separados del mundo que perece en derredor suyo. Son una parte de la trama y urdimbre de la humanidad; y el Cielo los mira como hermanos de los pecadores tanto como de los santos. Los que han caído, los que yerran y los pecaminosos, son abarcados por el amor de Cristo; y cada buena acción hecha para elevar a un alma caída, cada acto de misericordia, son aceptados como hechos a él. Los ángeles del cielo son enviados para servir a los que han de heredar la salvación. No sabemos ahora quiénes son; aún 594 no se ha manifestado quiénes han de vencer y compartir la herencia de los santos en luz; pero los ángeles del cielo están recorriendo la longitud y la anchura de la tierra, tratando de consolar a los afligidos, proteger a los que corren peligro, ganar los corazones de los hombres para Cristo. No se descuida ni se pasa por alto a nadie. Dios no hace acepción de personas, y tiene igual cuidado por todas las almas que creó. Al abrir vuestra puerta a los menesterosos y dolientes hijos de Cristo, estáis dando la bienvenida a ángeles invisibles. Invitáis la compañía de los seres celestiales. Ellos traen una sagrada atmósfera de gozo y paz. Vienen con alabanzas en los labios, y una nota de respuesta se oye en el cielo. Cada hecho de misericordia produce música allí. Desde su trono, el Padre cuenta entre sus más preciosos tesoros a los que trabajan abnegadamente.

 

*LOS QUE ESTÁN A LA IZQUIERDA DE CRISTO, los que le han descuidado en la persona de los pobres y dolientes, fueron inconscientes de su culpabilidad. Satanás los cegó; no percibieron lo que debían a sus hermanos. Estuvieron absortos en sí mismos, y no se preocuparon por las necesidades de los demás. A los ricos, Dios dio riquezas para que aliviasen y consolasen a sus hijos dolientes; pero con demasiada frecuencia son indiferentes a las necesidades ajenas. Se creen superiores a sus hermanos pobres. No se ponen en el lugar del indigente. No comprenden las tentaciones y luchas del pobre, y la misericordia muere en su corazón. En costosas moradas y magníficas iglesias, los ricos se encierran lejos de los pobres; gastan en satisfacer el orgullo y el egoísmo los medios que Dios les dio para beneficiar a los menesterosos. Los pobres quedan despojados diariamente de la educación que debieran tener concerniente a las tiernas compasiones de Dios; porque él hizo amplia provisión para que fuesen confortados con las cosas necesarias para la vida. Están obligados a sentir la pobreza que estrecha la vida, y con frecuencia se sienten tentados a ser envidiosos, celosos y llenos de malas sospechas. Los que han sufrido por su cuenta la presión de la necesidad tratan con demasiada frecuencia a los pobres de una manera despreciativa, y les hacen sentir que los consideran indigentes.

PERO CRISTO lo contempla todo, y dice: Yo fui quien tuvo 595 hambre y sed. Yo fui quien anduvo como extraño. Yo fui el enfermo. Yo estuve en la cárcel. Mientras estabais banqueteando en vuestras mesas abundantemente provistas, yo sufría hambre en el tugurio o la calle vacía. Mientras estabais cómodos en vuestro lujoso hogar, yo no tenía dónde reclinar la cabeza. Mientras llenabais vuestros guardarropas con ricos atavíos, yo estaba en la indigencia. Mientras buscabais vuestros placeres, yo languidecía en la cárcel.

Cuando concedíais la pitanza de pan al pobre hambriento, cuando les dabais esas delgadas ropas para protegerse de la mordiente escarcha, ¿recordasteis que estabais dando al Señor de la gloria? Todos los días de vuestra vida yo estuve cerca de vosotros en la persona de aquellos afligidos, pero no me buscasteis. No trabasteis compañerismo conmigo. No os conozco.

Muchos piensan que sería un gran privilegio visitar el escenario de la vida de Cristo en la tierra, andar donde él anduvo, mirar el lago en cuya orilla se deleitaba en enseñar y las colinas y valles en los cuales sus ojos con tanta frecuencia reposaron. Pero no necesitamos ir a Nazaret, Capernaúm y Betania para andar en las pisadas de Jesús. Hallaremos sus huellas al lado del lecho del enfermo, en los tugurios de los pobres, en las atestadas callejuelas de la gran ciudad, y en todo lugar donde haya corazones humanos que necesiten consuelo. Al hacer como Jesús hizo cuando estaba en la tierra, andaremos en sus pisadas. Todos pueden hallar algo que hacer. "Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros," dijo Jesús, *(Juan 12:8). Y nadie necesita pensar que no hay lugar donde pueda trabajar para él. Millones y millones de almas humanas a punto de perecer, ligadas en cadenas de ignorancia y pecado, no han oído ni siquiera hablar del amor de Cristo por ellas. Si nuestra condición y la suya fuesen invertidas, ¿qué desearíamos que ellas hiciesen por nosotros?

Todo esto, en cuanto está a nuestro alcance hacerlo, tenemos la más solemne obligación de hacerlo por ellas. La regla de vida de Cristo, por la cual cada uno de nosotros habrá de subsistir o caer en el juicio, es: "Todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos."*Mateo 7:12).

 El Salvador dio su vida preciosa para establecer una iglesia 596 capaz de cuidar de las almas entristecidas y tentadas. Un grupo de creyentes puede ser pobre, sin educación y desconocido; sin embargo, estando en Cristo puede hacer en el hogar, el vecindario y la iglesia, y aun en regiones lejanas, una obra cuyos resultados serán tan abarcantes como la eternidad. Debido a que esta obra es descuidada, muchos jóvenes discípulos no pasan nunca más allá del mero alfabeto de la experiencia cristiana. Ayudando a los menesterosos, podrían haber mantenido viva la luz que resplandeció en su corazón cuando Jesús les dijo: "Tus pecados te son perdonados."

La inquieta energía que es con tanta frecuencia una fuente de peligro para los jóvenes podría ser encauzada en conductos por los cuales fluiría en raudales de bendición. Se olvidarían del yo en el trabajo ferviente destinado a hacer bien a otros. Los que sirvan a otros serán servidos por el príncipe de los pastores. Ellos mismos beberán del agua de vida y serán satisfechos. No desearán diversiones excitantes, o algún cambio en su vida. El gran tema de su interés será cómo salvar las almas que están a punto de perecer. El trato social será provechoso. El amor del Redentor unirá los corazones. Cuando comprendamos que somos colaboradores con Dios, no pronunciaremos sus promesas con indiferencia. Arderán en nuestro corazón y en nuestros labios.

 A Moisés, cuando le llamó a servir a un pueblo ignorante, indisciplinado y rebelde, Dios le prometió: "Mi rostro irá contigo, y te haré descansar." Y dijo: "Yo seré contigo."*(Éxodo 33:14; 3:12). Esta promesa es hecha a todos los que trabajan en lugar de Cristo por sus hijos afligidos y dolientes. El amor hacia el hombre es la manifestación terrenal del amor hacia Dios. El Rey de gloria vino a ser uno con nosotros, a fin de implantar este amor y hacernos hijos de una misma familia. Y cuando se cumplan las palabras que pronunció al partir: "Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado,"*(Juan 15:12).

Cuando amemos al mundo como él lo amó, entonces se habrá cumplido su misión para con nosotros. Estaremos listos para el cielo, porque lo tendremos en nuestro corazón. Pero "si dejares de librar los que son tomados para la muerte, y los que son llevados al degolladero; si dijeres: Ciertamente no lo supimos; ¿no lo entenderá el que pesa los corazones? 597 El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras." (Proverbios 24:11,12). 

 En el gran día del juicio, los que no hayan trabajado para Cristo, que hayan ido a la deriva pensando en sí mismos y cuidando de sí mismos, serán puestos por el Juez de toda la tierra con aquellos que hicieron lo malo. Reciben la misma condenación. A cada alma ha sido dado un cometido. A cada uno preguntará el gran Pastor: "¿Dónde está el rebaño que te fue dado, la grey de tu gloria?" Y "¿qué dirás cuando te visitará?"*(Jeremías 13:20,21). DTG/EGW 

(Este capítulo 70. Está basado en San Mateo 25:31-46).

 

viernes, 14 de agosto de 2020

04. EL POBRE DESVALIDO (DAD, Y SE OS DARÁ).

Malgastar el tiempo y despreciar nuestra inteligencia resulta pecaminoso. Perdemos todo momento que dedicamos a nuestros intereses egoístas. Si supiéramos apreciar cada momento y dedicarlo a cosas buenas, tendríamos tiempo para hacer todo lo que necesitamos hacer para nosotros mismos o para los demás. Al desembolsar dinero, al hacer uso del tiempo, de las fuerzas y oportunidades, mire todo cristiano a Dios y pídale que le dirija. "Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere, y le será dada." (Santiago 1:5.)

"Haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos." (S. Lucas 6:35.) "El que aparta sus ojos, tendrá muchas maldiciones"; pero "el que da al pobre, no tendrá pobreza." (Proverbios 28:27.) "Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno." (San Lucas 6:38.) 160 MC/EGW

DIOS ES AMOR


 LA NATURALEZA y la revelación a una dan testimonio del amor de Dios. Nuestro Padre celestial es la fuente de vida, de sabiduría y de gozo. Mirad las maravillas y bellezas de la naturaleza. Pensad en su prodigiosa adaptación a las necesidades y a la felicidad, no solamente del hombre, sino de todas las criaturas vivientes. El sol y la lluvia que alegran y refrescan la tierra; los montes, los mares y los valles, todos nos hablan del amor del Creador. Dios es el que suple las necesidades diarias de todas sus criaturas. Ya el salmista lo dijo en las bellas palabras siguientes:

"Los ojos de todos miran a ti, Y tú les das su alimento a su tiempo. Abres tu mano, Y satisfaces el deseo de todo ser viviente". (Salmo 145: 15, 16.)

Dios hizo al hombre perfectamente santo y feliz; y la hermosa tierra no tenía, al salir de la mano del Creador, mancha de decadencia, ni sombra de maldición. La transgresión de la ley de Dios, de la ley de amor, es lo que ha traído consigo dolor y muerte. Sin embargo, en medio del sufrimiento que resulta del pecado se manifiesta el amor de Dios. Está escrito que 8 Dios maldijo la tierra por causa del hombre. (Génesis 3: 17) Los cardos y espinas - las dificultades y pruebas que hacen de su vida una vida de afán y cuidado - le fueron asignados para su bien, como parte de la preparación necesaria, según el plan de Dios, para su elevación de la ruina y degradación que el pecado había causado. 

El mundo, aunque caído, no es todo tristeza y miseria. En la naturaleza misma hay mensajes de esperanza y consuelo. Hay flores en los cardos y las espinas están cubiertas de rosas.

"Dios es amor", está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la naciente hierba. Los hermosos pájaros que llenan el aire de melodías con sus preciosos cantos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el aire, los elevados árboles del bosque con su rico follaje de viviente verdor, todos dan testimonio del tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos.

La Palabra de Dios revela su carácter. El mismo ha declarado su infinito amor y piedad. Cuando Moisés dijo: "Ruégote me permitas ver tu gloria", Jehová respondió: "Yo haré que pase toda mi benignidad ante tu vista". (Éxodo 33: 18, 19)  Tal es su gloria. Jehová pasó delante de Moisés y clamó: "Jehová, Jehová, Dios compasivo y clemente lento en iras y grande en misericordia y en Fidelidad; que usa de misericordia hasta la milésima generación; que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado". (Éxodo 34: 6, 7)  "Lento en iras y grande en misericordia" (Jonás 4: 2)  "Porque se deleita en la misericordia". (Miqueas 7: 18)  9

Dios ha unido nuestros corazones a él con pruebas innumerables en los cielos y en la tierra. Mediante las cosas de la naturaleza y los más profundos y tiernos lazos que el corazón humano pueda conocer en la tierra, ha procurado revelársenos. Con todo, estas cosas sólo representan imperfectamente su amor. Aunque se habían dado todas estas pruebas evidentes, el enemigo del bien cegó el entendimiento de los hombres, para que éstos mirasen a Dios con temor, para que lo considerasen severo e implacable. Satanás indujo a los hombres a concebir a Dios como un ser cuyo principal atributo es una justicia inexorable, como un juez severo, un duro, estricto acreedor. Pintó al Creador como un ser que está velando con ojo celoso por discernir los errores y faltas de los hombres, para visitarlos con juicios. Por esto vino Jesús a vivir entre los hombres, para disipar esa densa sombra, revelando al mundo el amor infinito de Dios.

El Hijo de Dios descendió del cielo para manifestar al Padre. "A Dios nadie jamás le ha visto: el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer". (S. Juan 1: 18)  "Ni al Padre conoce nadie, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar". (S. Mateo 11: 27) Cuando uno de sus discípulos le dijo: "Muéstranos al Padre", Jesús respondió: "Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre: ¿Cómo pues dices tú: Muéstranos al Padre? " (S. Juan 14: 8, 9). 10

Jesús dijo, describiendo su misión terrenal: Jehová "me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me a enviado para proclamar a los cautivos, y a los ciegos recobro la vista para poner en libertad a los oprimidos". (s. Lucas 4: 18.), esta era su obra. Pasó haciendo bien y sanando a todos los oprimidos de Satanás.

Había aldeas enteras donde no se oía un gemido de dolor en casa alguna, porque él había pasado por ellas y sanado a todos sus enfermos. Su obra demostraba su divina unción. En cada acto de su vida revelaba amor, misericordia y compasión; su corazón rebosaba de tierna simpatía por los hijos de los hombres. Tomó la naturaleza del hombre para poder simpatizar con sus necesidades. Los más pobres y humildes no tenían temor de allegársele. Aun los niñitos se sentían atraídos hacia él. Les gustaba subir a sus rodillas y contemplar ese rostro pensativo, que irradiaba benignidad y amor, Jesús no suprimió una palabra de verdad, sino que profirió siempre la verdad con amor. Hablaba con el mayor tacto, cuidado y misericordiosa atención, en su trato con las gentes. Nunca fue áspero, nunca habló una palabra severa innecesariamente, nunca dio a un alma sensible una pena innecesaria. No censuraba la debilidad humana. Hablaba la verdad, pero siempre con amor. Denunciaba la hipocresía, la incredulidad y la iniquidad; pero las lágrimas velaban su voz cuando profería sus fuertes reprensiones. Lloró sobre Jerusalén, la ciudad amada que rehusó recibirlo, a él, el Camino, la 11 Verdad y la Vida. Habían rechazado al Salvador, mas él los consideraba con piadosa ternura. La suya fue una vida de abnegación y verdadera solicitud por los demás. Toda alma era preciosa a sus ojos. A la vez que siempre llevaba consigo la dignidad divina, se inclinaba con la más tierna consideración hacia cada uno de los miembros de la familia de Dios. En todos los hombres veía almas caídas a quienes era su misión salvar.

Tal es el carácter de Cristo como se revela en su vida. Este es el carácter de Dios. Del corazón del Padre es de donde manan los ríos de compasión divina, manifestada en Cristo para todos los hijos de los hombres. Jesús el tierno y piadoso Salvador, era Dios "manifestado en la carne"                                        (1 Timoteo 3: 16) .

Jesús vivió, sufrió y murió para redimirnos. El se hizo "Varón de dolores" para que nosotros fuésemos hechos participantes del gozo eterno. Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria, a un mundo corrompido y manchado por el pecado, oscurecido con la sombra de la muerte y la maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insulto, humillación, odio y muerte. "El castigo de nuestra paz cayó sobre él, y por sus llagas nosotros sanamos" (Isaías 53: 5). ¡Miradlo en el desierto, en el Getsemaní, sobre la cruz! El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios, sintió en su alma la terrible separación que hace el pecado entre 12 Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: "¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿por qué me has desamparado?" (S. Mateo 27: 46). La carga del pecado, el conocimiento de su terrible enormidad y de la separación que causa entre el alma y Dios, quebrantó el corazón del Hijo de Dios.

Pero este gran sacrificio no fue hecho a fin de crear amor en el corazón del Padre para con el hombre, ni para moverlo a salvar. ¡No, no! "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito" (S. Juan 3: 16). No es que el Padre nos ame por causa de la gran propiciación, sino que proveyó la propiciación porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual él pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. "Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo" (2 Corintios 5: 19). Dios sufrió con su Hijo. En la agonía del Getsemaní, en la muerte del Calvario, el corazón del Amor Infinito pagó el precio de nuestra redención.

Jesús decía: "Por esto el Padre me ama, por cuanto yo pongo mi vida para volverla a tomar" (Juan 10: 17).  Es decir: "De tal manera  os amaba mi Padre, que aún me ama más porque he dado mi vida para redimiros. Por haberme hecho vuestro Sustituto y Fianza, por haber entregado mi vida y tomado vuestras responsabilidades, vuestras transgresiones, soy más caro a mi Padre; por mi sacrificio, Dios puede ser justo y, sin embargo, el justificador del que cree en Jesús".´

Nadie sino el Hijo de Dios podía efectuar nuestra redención; porque sólo él, que estaba 13 en el seno del Padre podía darlo a conocer. Sólo él, que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía manifestarlo. Nada menos que el infinito sacrificio hecho por Cristo en favor del hombre caído podía expresar el amor del Padre hacia la perdida humanidad.

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito". Lo dio no solamente para que viviese entre los hombres, no sólo para que llevase los pecados de ellos y muriese como su sacrificio; lo dio a la raza caída. Cristo debía identificarse con los intereses y necesidades de la humanidad. El que era uno con Dios se ha unido con los hijos de los hombres con lazos que jamás serán quebrantados. Jesús "no se avergüenza de llamarlos hermanos" (Hebreos 2: 11). Es nuestro Sacrificio, nuestro Abogado, nuestro Hermano, lleva nuestra forma humana delante del trono del Padre, y por las edades eternas será uno con la raza que ha redimido: es el Hijo del hombre. Y todo esto para que el hombre fuese levantado de la ruina y degradación del pecado, para que reflejase el amor de Dios y participase del gozo de la santidad.

El precio pagado por nuestra redención, el sacrificio infinito que hizo nuestro Padre celestial al entregar a su Hijo para que muriese por nosotros, debe darnos un concepto elevado de lo que podemos ser hechos por Cristo. Al considerar el inspirado apóstol Juan "la altura", "la profundidad" y "la anchura" del amor del Padre hacia la raza que perecía, se llena de alabanzas y reverencia, y no pudiendo 14 encontrar lenguaje conveniente en que expresar la grandeza y ternura de este amor, exhorta al mundo a contemplarlo. "¡Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios!" (1 S. Juan 3: 1) ¡Qué valioso hace esto al hombre! Por la transgresión, los hijos del hombre se hacen súbditos de Satanás. Por la fe en el sacrificio reconciliador de Cristo, los hijos de Adán pueden ser hechos hijos de Dios. Al revestirse de la naturaleza humana, Cristo eleva a la humanidad. Los hombres caídos son colocados donde pueden, por la relación con Cristo, llegar a ser en verdad dignos del nombre de "hijos de Dios".

Tal amor es incomparable. ¡Hijos del Rey celestial! ¡Promesa preciosa! ¡Tema para la más profunda meditación! ¡El incomparable amor de Dios para con un mundo que no lo amaba! Este pensamiento tiene un poder subyugador y cautiva el entendimiento a la voluntad de Dios. Cuanto más estudiamos el carácter divino a la luz de la cruz, más vemos la misericordia, la ternura y el perdón unidos a la equidad y la justicia, y más claramente discernimos pruebas innumerables de un amor infinito y de una tierna piedad que sobrepuja la ardiente simpatía y los anhelosos sentimientos de la madre para con su hijo extraviado.

"Romperse puede todo lazo humano, Separarse el hermano del hermano, Olvidarse la madre de sus hijos, Variar los astros sus senderos fijos; Mas ciertamente nunca cambiará El amor providente de Jehová". CC 7-14

03. EL POBRE DESVALIDO (LOS ANCIANOS).

Los ancianos necesitan también sentir la benéfica influencia de la familia. En el hogar de hermanos y hermanas en Cristo es donde mejor puede mitigarse la pérdida de los suyos. Si se les anima a tomar parte en los intereses y ocupaciones de la casa, se les ayudará a sentir que aún conservan su utilidad. Hacedles sentir que se aprecia su ayuda, que aún les queda algo que hacer en cuanto a servir a los demás, y esto les alegrará el corazón e infundirá interés a su vida.

En cuanto sea posible, haced que permanezcan entre amigos y asociaciones familiares aquellos cuyas canas y pasos vacilantes muestran que van acercándose a la tumba. Únanse en los 156 cultos con quienes han conocido y amado. Sean atendidos por manos amorosas y tiernas.

Siempre que sea posible, debe ser privilegio de los miembros de cada familia atender a los suyos. Cuando esto no puede hacerse, tócale a la iglesia hacerlo, y ella debe considerarlo como privilegio y obligación. Todo el que tiene el espíritu de Cristo mirará con ternura a los débiles y los ancianos.

La presencia en nuestras casas de uno de estos desamparados es una preciosa oportunidad para cooperar con Cristo en su ministerio de gracia y para desarrollar rasgos de carácter como los suyos. Hay bendición en la asociación de ancianos y jóvenes. Estos últimos pueden llevar rayos de sol al corazón y la vida de los ancianos. Quienes van desprendiéndose de la vida necesitan del beneficio resultante del trato con la juventud llena de esperanza y ánimo. Los jóvenes también pueden obtener ayuda de la sabiduría y la experiencia de los ancianos. Más que nada necesitan aprender a servir con abnegación. La presencia de alguien que necesita simpatía, longanimidad y amor abnegado será de inestimable bendición para más de una familia. Suavizará y pulirá la vida del hogar, y sacará a relucir en viejos y jóvenes las gracias cristianas que los revestirán de divina belleza y los enriquecerán con tesoros imperecederos del cielo.

"Siempre tendréis los pobres con vosotros -dijo Cristo,- y cuando quisiereis les podréis hacer bien." (Marcos 14:7.)  "La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo."                (Santiago 1:27.)

Al poner entre ellos a los desamparados y a los pobres, para que dependan de su cuidado, Cristo prueba a los que dicen ser sus discípulos. Por nuestro amor y servicio en pro de sus hijos necesitados revelamos lo verdadero de nuestro amor a él. Desatenderlos equivale a declararnos falsos discípulos, extraños a Cristo y a su amor. 157

Aunque se hiciera todo lo posible para proporcionar hogar a los huérfanos, quedarían aún muchos por atender. Muchos de ellos han heredado propensiones al mal. Prometen poco, no son atractivos, sino perversos; pero los compró la sangre de Cristo, y para él son tan preciosos como nuestros hijitos. De no serles tendida una mano de auxilio, crecerán en la ignorancia y los arrastrarán el vicio y el crimen. Muchos de estos niños podrían ser librados de estos peligros mediante la obra de asilos de huérfanos.

Estas instituciones, para ser eficaces, deberían estar organizadas, en todo lo posible, según el modelo de un hogar cristiano. En vez de grandes establecimientos que amparen a gran número de niños, deberían ser más bien pequeñas instituciones colocadas en varios puntos. En vez de encontrarse dentro o cerca de alguna gran ciudad, convendría que estuvieran en el campo, donde pueden adquirirse tierras de cultivo, y donde los niños podrían entrar en contacto con la naturaleza y tener los beneficios de una educación industrial.

Los encargados de semejante hogar deberían ser hombres y mujeres de gran corazón, de cultura y de abnegación; hombres y mujeres que emprendieran la obra por amor a Cristo y que educaran a los niños para él. Bajo un cuidado tal, muchos niños sin familia y desamparados podrían prepararse para ser miembros útiles de la sociedad, para honrar a Cristo y ayudar a su vez a otros.

Muchos desprecian la economía, confundiéndola con la tacañería y mezquindad. Pero la economía se aviene perfectamente con la más amplia liberalidad. Efectivamente, sin economía no puede haber verdadera liberalidad. Hemos de ahorrar para poder dar.

Nadie puede practicar la verdadera benevolencia sin sacrificio. Sólo mediante una vida sencilla, abnegada y de estricta economía podemos llevar a cabo la obra que nos ha sido señalada como a representantes de Cristo. El orgullo y la 158 ambición mundana deben ser desalojados de nuestro corazón. En todo nuestro trabajo ha de cumplirse el principio de la abnegación manifestado en la vida de Cristo. En las paredes de nuestras casas, en los cuadros, en los muebles, tenemos que leer esta inscripción: "A los pobres que no tienen hogar acoge en tu casa." En nuestros roperos tenemos que ver escritas, como con el dedo de Dios, estas palabras: "Viste al desnudo."  En el comedor, en la mesa cargada de abundantes manjares, deberíamos ver trazada esta inscripción: "Comparte tu pan con el hambriento."

Se nos ofrecen miles de medios de ser útiles.  Nos quejamos muchas veces de que los recursos disponibles son escasos; pero si los cristianos tomaran las cosas más en serio, podrían multiplicar mil veces esos recursos.  El egoísmo y la concupiscencia nos impiden ser más útiles.

¡Cuánto no se gasta en cosas que son meros ídolos, cosas que embargan la mente, el tiempo y la energía que deberían dedicarse a usos más nobles! ¡Cuánto dinero se derrocha en casas y muebles lujosos, en placeres egoístas, en manjares costosos y malsanos, en perniciosos antojos! ¡Cuánto se malgasta en regalos que no aprovechan a nadie! En cosas superfluas y muchas veces perjudiciales gastan los cristianos de profesión mucho más de lo que gastan en el intento de arrebatar almas de las garras del tentador.

Muchos cristianos de profesión gastan tanto en su vestimenta que nada les queda para las necesidades ajenas.  Se figuran que han de lucir adornos y prendas de mucho valor, sin pensar en las necesidades de los que apenas pueden proporcionarse la ropa más modesta.

Hermanas mías, si conformáis vuestro modo de vestir con las reglas de la Biblia dispondréis de abundantes recursos con que auxiliar a vuestras hermanas pobres.  Dispondréis no, sólo de recursos, sino de tiempo, que muchas veces es lo que más se necesita. Son muchas las personas a quienes 159 podríais ayudar con vuestros consejos, vuestro tacto y vuestra habilidad.  Mostradles cómo se puede vestir sencillamente y, no obstante, con buen gusto. ¡Cuántas mujeres no van a la casa de Dios porque sus vestidos no les sientan bien y contrastan deplorablemente con los de las demás! Muchas de estas personas son quisquillosas al respecto y albergan sentimientos de amarga humillación e injusticia a causa de este contraste. Y por ello, muchas dudan de la realidad de la religión y endurecen sus corazones contra el Evangelio. Cristo nos manda: "Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada." (Juan 6:12.)  Mientras que cada día millares perecen de hambre, en matanzas, incendios y epidemias, incumbe a todo aquel que ama a sus semejantes procurar que nada sea desperdiciado, que no se gaste sin necesidad nada de lo que puede aprovechar a algún ser humano. MC/EGW

domingo, 2 de agosto de 2020

02. EL POBRE DESVALIDO (LA FAMILIA DE LA FE).


"Así pues, según tengamos oportunidad, obremos lo que es bueno para con todos, y mayormente para con los que son de la familia de la fe." (Gálatas 6:10, V.M).
En un sentido especial, Cristo ha confiado a su iglesia el deber de atender a los miembros necesitados. Permite que sus pobres se encuentren en el seno de cada iglesia. Siempre han de estar con nosotros, y Cristo encarga a los miembros de la iglesia una responsabilidad personal en lo que respecta a cuidar de ellos.
Así como los miembros de una familia fiel cuidan unos de otros, atendiendo a los enfermos, soportando a los débiles, enseñando a los que no saben, educando a los inexpertos, así también los de "la familia de la fe" han de cuidar de sus necesitados y desvalidos.
 De ninguna manera han de desentenderse de ellos.
Las viudas y los huérfanos 
son objeto especial del cuidado del Señor. 154
"Padre de huérfanos y defensor de viudas
es Dios en la morada de su santuario." (Salmo 68:5.)
"Tu marido es tu Hacedor;
Jehová de los ejércitos es su nombre:
y tu redentor, el Santo de Israel;
Dios de toda la tierra será llamado." (Isaías 54:5.)
"Deja tus huérfanos, yo los criaré;
y en mí se confiarán tus viudas." (Jeremías 49:11.)

Más de un padre, al tener que separarse de sus queridos, ha podido morir tranquilo, confiando en las promesas de Dios, de que él cuidaría de ellos. El Señor atiende a la viuda y a los huérfanos, no mediante un milagro, como el envío del maná del cielo, ni por cuervos que les lleven de comer; sino por medio de un milagro realizado en corazones humanos, al desalojar de éstos el egoísmo y abrir las fuentes del amor cristiano. A los afligidos e indigentes los encomienda a sus discípulos como encargo precioso. Tienen el mayor derecho a nuestra simpatía.
En las casas bien provistas de comodidades, en los graneros llenos de las abundantes cosechas del campo, en los almacenes bien surtidos de paño y tela, y en las áreas rellenas de oro y plata, Dios suministró recursos para el sostén de estos necesitados. Nos invita a que seamos canales de su munificencia.
Más de una madre viuda con huerfanitos bajo su responsabilidad lucha valerosamente para llevar su doble carga, muchas veces trabajando más allá de sus fuerzas para retener consigo a sus hijos y satisfacer sus necesidades. Poco tiempo le queda para instruirlos y prepararlos, y pocas facilidades tiene para rodearlos de influencias que iluminarían sus vidas. Necesita, por tanto, aliento, simpatía y ayuda positiva.
Dios nos invita a suplir en lo posible la falta de padre impuesta a estos niños. En vez de retraeros de ellos, lamentando sus defectos y las molestias que pueden causar, ayudadles en 155 todo lo que podáis. Procurad aliviar a la madre agobiada. Aligeradle la carga.
Hay además un sinnúmero de niños privados por completo de la dirección de sus padres y de la influencia suavizadora de un hogar cristiano. Abran los cristianos sus corazones y sus casas para recibir a estos desamparados. La tarea que Dios ha encomendado a cada uno en particular no deben transferirla a una institución de beneficencia ni abandonarla a la caridad mundana. Si los niños no tienen parientes que puedan atenderlos, encárguense los miembros de la iglesia de encontrarles casa que los reciba. El que nos hizo dispuso que viviéramos asociados en familias, y la naturaleza del niño se desarrollará mejor en la atmósfera de amor de un hogar cristiano.
Muchos que no tienen hijos, harían una buena obra si se encargaran de los hijos de otros. 
En vez de cuidar de animalitos y dedicarles nuestros afectos, atendamos más bien a los pequeñuelos, cuyo carácter puede formarse según la imagen divina. Demos nuestro amor a los miembros desamparados de la familia humana. Veamos a cuántos de estos niños podemos educar en la disciplina y la amonestación del Señor. Muchos son los que al obrar así recibirían gran beneficio ellos mismos. MC/EGW